Panamá, 8 de mayo de 2012
Revolcón de los barrios
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La juegavivo


Cleta quiso meterle una zancadilla a la empresa para recibir el beneficio económico del Día Nacional, pero la tortilla se le viró y quedó despedida

08/05/2012 — La seguidilla de días nacionales activó viejos rencores y varios antivalores entre las más de 600 colaboradoras de la empresa Tontíviri S. A., donde solo laboraban 40 hombres, hecho que había generado muchos amoríos frustrados y chismes entre las damas que se disputaban algún cariñito de los hijos de Adán.

Apenas entró Cleta, muchas miradas interrogantes se cruzaron y algunas, las que no aguantaron, le dijeron: ¿Y qué, hoy no es tu día libre, qué haces aquí? ‘Yo lo cambié, todo menos perderme los dos tiempos y medio y mi día compensatorio, querida’, contestó de mal talante Cleta.

‘Así no es la vaina, el que está libre está libre, al que le toca le toca’, ripostaron las otras. ‘¿Y qué? Ese es mi problema, además tú no eres la que me va a pagar o es que tú eres la mujer del dueño’, contestó Cleta y caminó hacia ellas con su taza de té en la mano y una hojaldre en la boca.

A la discusión se unieron otras empleadas, algunas porque no gustaban de Cleta, que siempre quería andar de juegavivo, y otras porque les gustaban las refriegas. En cosa de segundos se formó una algarabía y se oyeron muchos dimes y diretes, pero el asunto se calmó cuando vieron venir al gerente con cara de pocos amigos, quien con el ceño fruncido se paseó por toda la oficina sin saludar a nadie y salió. Casi enseguida apareció la secretaria con una lista verificando la asistencia. ‘Aquí hay muchas que no deberían estar aquí’, dijo una gordita pendenciera y vendedora de rifas y chances clandestinos. ‘Cállate o no te compro ni un cabrón número más’, le dijo Cleta con los labios. La secre caminaba entre la gente cuando una, que no le debía favores a nadie, dijo en tono muy alto: ‘Señorita secretaria, ¿el jefe sabe que casi todo el personal está aquí hoy, los que estaban libres y los que no? La mano derecha del jefe, una doñita cepillona, se viró enseguida como si le hubiesen dirigido un insulto y preguntó encarada: ¿Quién vino que no le tocaba? Un silencio sepulcral siguió a la pregunta de la mujer. ‘Por eso es que Panamá no avanza, porque todo mundo tiene miedo y nadie habla cuando debe’, dijo una que solo tenía tres años de estar en la empresa. Cleta, que se sentía acorralada, respiró un poquito y para ayudarse dijo: ‘En Tontíviri S. A. solo tienen voz y voto las que tienen más de 5 años de laborar, como yo, que tengo más de 20 años aquí, 20 años que no se fuman en pipa, que sé cómo se ha forjado esta vaina y por qué está parada la empresa’.

‘Está parada por el trabajo de otros, porque si es por ti, never , pues a cada rato te vas antes de la hora, llegas tarde, haces trampa para marcar y vienes cuando no te toca’, dijo Efraín, el único amanerado de Tontíviri S. A. Cleta lo miró con odio. Tras salir la secretaria se alborotó nuevamente el congo y Cleta se levantó dispuesta a repartir mongo entre los compañeros, pero cuando vio que ninguno reculaba y que todos iban de frente se dio cuenta de que no podría con tanta gente. Se retiró a su puesto a terminar de comer su hojaldre y su té.

Así se estuvieron un rato y las indirectas llovían sobre Cleta, quien se aferraba al espíritu de los 7 mares para no pararse y segarle la vida a sus detractores. Pasados 45 minutos, todo el personal bajó a comer. No tardó en llegar el gerente, quien de un solo vistazo se percató de que había muchos empleados trabajando en el día nacional, ¿Qué pasó aquí, Rebolledo?, le preguntó al de Recursos Humanos, quien masticaba asustado sus macarrones. El hombre se levantó, pasó la mirada por todas las mesas y dijo: ‘No pasa nada, están los que están’. Pero alguien, con el dedo índice, señalaba directamente sobre la espalda de Cleta, quien nerviosa y con los ojos aguados se levantó y dijo: ‘A mí no me tocaba venir hoy, pero necesito esa platita para el regalo de mi marido, que pronto cumple 60 añitos’. El gerente, iracundo, solo miró a su secretaria, quien asintió y salió rápidamente. A los pocos minutos regresó con dos cartas de despido, una para Rebolledo, la cual decía: ‘Para no sea babieco y fiscalice como debe ser’, y otra para Cleta, por juegavivo.

 
 
 
 
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